Quiero escribir, pero me sale espuma / quiero decir muchísimo y me atollo (...) Quiero escribir, pero me siento puma / quiero laurearme, pero me encebollo"

lunes, 12 de marzo de 2012

Bienvenida

La búsqueda de una muerte digna es una falacia,
Karol Wojtyla.
Viven en una suerte de mundo alternativo
igualito a Disneyworld,
subvierte los códigos en uso.
Vivimos la muerte más o menos igual que en el oscurantismo:
te puede tocar pasarte toda una eternidad
en la Bagdad de estos días o en El Paso, Texas.
Me recuerda mucho a aquellas huestes fantasmales
de aquel cuento de Ray Bradbury, The Crowd:
los fetiches artesanales plantean
un cuadro de situación y un claro posicionamiento.
Yo nunca entendí la idea del dolor físico
como sinónimo de fortaleza espiritual
y, ahora, me perturba.
La vida ha evolucionado mucho más que la muerte…
La cosa tiene tal aire de parque temático:
está como está por culpa de una dieta para adelgazar.
Yo llegué a estar seguro de que el Papa
moriría el Viernes Santo
o, a más tardar, el Domingo de Resurrección;
Bussi aparecerá como Hitler;
sufriente pajarito de relojcucú,
una suerte de Pasión aggiornada,
digna de Mel Gibson,
pero deja de ser…

sábado, 21 de enero de 2012

La princesa de amianto

A C. R. B.


La vida es una farsa barata,
sin objetivo ni parto inicial[1].

Todavía pensaba en Emilia, cuando subía por la quinta calle hacia lo que dieron en llamar pequeña IV Internacional de 57. Hacía apenas tres días que habían vuelto al Coliseo. Un regreso que sabían presumible. Nunca se tomaron demasiado en serio las despedidas. No obstante, éstas fueron realmente fuertes.
Agosto, para él, volvía a ser hermoso. Con ese viento azul que se cuela por entre los edificios sin pedir permiso ni presentarse hola, ¿qué tal? En su cabeza se arremolinaban un sinfín de pensamientos acalorados como nueces y tostadas. Tenía ante sí un mundo nuevo de lo viejo. Y llevaba en su bolsillo la última y única nota que se han escrito.
Los ojos de Emilia, celestes como el pasto, se le incrustaban en la memoria y no podía sentir mayor sensación de calma. Sólo sintió pena por las baldosas, de esas penas que se les puede tener a los leprosos o a los lisiados. Pero, a decir verdad, ya no le importaba. Tenía ante sí un mundo viejo de lo nuevo.

viernes, 13 de enero de 2012

El futuro está todo el tiempo presente

Las palabras no tienen absolutamente
ninguna posibilidad de expresar nada.
En cuanto empezamos a verter nuestros
pensamientos en palabras y frases
todo se va al traste[1].

Al mar, al río o al lago, embalsamados en mí, algo que se adapta al modo de lectura actual. Los Bakuganes nunca se quedarán con todo. Imagina realidades, como la ciencia ficción: un curso en el Centro Cultural Ricardo Rojas. A este chico, por tutear y porque habla como un caso, hay que clavarle el anzuelo, dominarlo. La depredación obliga a los esforzados guías a mentir. Era más real que la realidad. Al leer, lo que se cuenta es más experimental, más complejo; el formato sobre la ciudad, sobre la nación, con los libros a los que también se sopla un texto. Pero el año sabático llegó a su fin y la segunda parte la considero más clásica. El misterio del mundo de acuerdo con el temperamento, los hechos y las responsabilidades de los actos. A los padres de hoy les dicen esas frases pensando qué va a ser de ellos. Es infalible. De circunstancias de las muertes, que son sociales, psicológicas en esa construcción de realidad. ¿Qué decir de Istrígala, con quien podía hacer todo lo que la indagación dio lugar? Acá el futuro no existía. Para indagar el rezo para que no vuelva a picar un bicho de ésos.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Tolvanera

Ardiente esmero espiralado, lengua roja, húmeda, voraz; cándido estremecimiento en las pupilas. La cabeza amarilla, como un pato, como una yema de huevo mezclada con leche o americana. Los ojos verdes de un verde verdor azulado o azules de una azulez verdosa. Se mueve intrépida con las pantuflas empeluchadas, tomándome las manos como a dos linternas, respirándome al oído para cantarme un Lev Bronstein de ensueño. Y resuenan sus muslos en la colcha, girando el torso como caviar, como cangrejo. Salpicando el pico en picada, permitiéndome aplaudirle las palmas con mis palmas. Pierdo el pulso en un palpitar que perdura como una patada prístina. Y asedio el arco como a plumas, quedando atrapado entre sus dientes.
La marea sube y baja, como pequeños tsunamis de espuma, explotando sin fondo en cada recoveco, en cada curva; es como un vals para conejos, una suerte de aguardiente de sabores dulzaceos. Yo me dejo engullir como una rodaja de queso Holanda y le clavo un clavel en las guirnaldas, para luego espolvorearle un carnaval. Es la intensidad sin medianeras.
Al alba se muda un canto que ya no es de cisne ni de tapir; es un canto de fábula, de alcastro, de codeleite. Rugen, entonces, tigres de bengala en mi mediastino medio. Es la parte más gloriosa de todo laberinto, contando incluso flashbacks y juegos de mesa.


viernes, 19 de agosto de 2011

Zafio

Como si me atravesara
una bengala
en el medio de la frente
rumiando espinas
catapultando incienso
voy sepultando las horas
y los manteles
haciendo del carruaje un
molinete
doblando mi espinazo
y mis cinceles
perdido en la noche
y en el día
montado a un sauce ya muerto
y en la joroba de un dromedario
arrojo cáscaras de mandarina
quemándome la lengua con
un capsicum
soy pura miasma
puro entuerto
un torrente de esquelas y sopletes
una perfecta colección de espectros

viernes, 12 de agosto de 2011

Graznido

Arcilla en las manos y en los pies. Una salidera azul en el medio del container. Casi como un hueco o una escafandra; perfectamente silente, vulgar y corrediza. Diez tazas de café sin almendras, en una madrugada arbitraria como pocas, de esas que tienen el peso acuoso del deshielo. Y en tanto, un mordisco al aire.
Todo es parte de un mismo anzuelo o, tal vez, de un nuevo velo a rayas que impide ver mi sombra bajo mis pies y anuncia un inevitable olor a osamenta en mi cajuela. No queda ya nada por domar: la gonorrea se ha hecho sangre entre tanta golondrina, y hay repatriación de zarigüeyas. Si de mí dependiera, tomaría la primera estación angular para no lanzar una pirotecnia más. Pero los caleidoscopios… los caleidoscopios.

Hoy retuerzo mis ojos y me recuesto sobre un viejo serpentario, a esperar una estela protoazulada en una espera falsaria.


jueves, 4 de agosto de 2011

Adiaŭ

Moriremos al fin,
con la mandrágora;
esclavos de nuestros propios pecados,
de nuestros propios deseos,
sin sudores,
sin alicientes.
Serán los roedores, las polillas
quienes se alimenten de nuestros deshechos;
ese día podremos darnos por completos.
Pues bien, las parábolas se insectifican,
y no calmaremos nuestros clamores
más que en la tortura.
Y aquí está lo verdaderamente hermoso…
¿Para qué estirar la colmena?
¿Con qué objeto?
Callemos, pues, toda fortaleza,
toda firmeza,
allí donde los pies se alzan en vano.
Hagamos votos de cadáver,
congelémonos para siempre.
Y despertemos ayer que pudimos…
hoy ya es tarde…