Acá vemos al autor en sus años de juventud,
presto a cumplir tareas laborales.
El autor de este coso nació, como todos. Lo hizo, allá por el ’82, en la bonaerense localidad de Carlos Casares (sí, la misma de Grobocopatel y de las calles afanadas por Biolcatti), a la edad de -3 meses, pesando 1400 gramos y entrando en una caja de zapados. Hasta cumplir el tiempo prenatal que se olvidó, estuvo en una caja de cristal llamada incubadora. Como un pollito, digamos. Y hasta más o menos el año de vida anduvo con cuidados intensivos. No espichó de pedo. Es más, por el momento tiene un changüí de 28 años. Hoy se halla en constante regresión, pareciéndose cuerocabelludamente cada vez más a esos años.
Su infancia casi no la recuerda. Sólo guarda en su memoria algunos pocos hitos, como haberse rajado la cabeza al desarmársele una hamaca; hacer la mortal hacia delante en el arenero del Jardín de Infantes N° 907 todos los días y romperse la espalda todos los días; haberle hecho comer a un compañerito una papa (en forma de casita) llena de témpera; haberse partido la encía inferior para siempre por hacer deportes extremos con una bicicleta Aurorita, sufrir un percance escolar producto del té frío; casi repetir sexto grado por ayudar a sus compañeros y no hacer su propia tarea; casi ser expulsado de la escuela por hacer dibujos pornográficos; haberle clavado un punzón en una pierna a un compañero rompe pelotas; hacerse la rata quedándose en el techo de su propia casa todos los días durante una semana y media –hasta ser descubierto por una vecina y ser puesto en evidencia ante su progenitora, ligándose la paliza del siglo–; intercambiar historietas con la vecina copada del barrio (que, según ella, era prima de Héctor Omar Hoffmann, más conocido como Sergio Denis); descubrir a Mafalda y quedar prendado del “género” historieta hasta el día de hoy; haber descubierto (a los 5 años) que Papá Noel, los Reyes Magos y Dios no existen; ir a catecismo a discutir la inexistencia de Dios amparándose en libros de paleontología para principiantes; oponerse a tomar la comunión, pero dada las relaciones de fuerzas con la tradición haber fracasado –hoy quisiera “desbautizarse” y “descomunionizarse”–. Es decir, que de su infancia casi no se acuerda es un bolazo, pero dice que queda lindo ponerlo.
De su adolescencia no guarda sus mejores recuerdos, pero tampoco los peores. No fue ni de los divinos ni de los populares. Fue. Estudió en un colegio comercial mixto y católico, siendo uno de los pocos ateos del estudiantado. En los momentos de ir a misa se quedaba escondido en el baño o se rajaba a la mierda. O no iba al colegio directamente. Las horas de religión las disfrutó como pocos, “de rompe pelotas nomás”, según afirma. Nunca entonó las canciones religiosas que se impartían ni se tomó de las manos como pedían. Cosas que rememora con simpatía y medio con orgullo.
En su primer año de secundaria fue casi un alumno ejemplar, si por ejemplar entendemos que no se llevó materia alguna. Los cuatro años restantes tuvo un promedio de cinco materias a diciembre por año. En Física nunca pasó el 4 (salvo el primer año que obtuvo un 7 de ojete). Se llevó Mecanografía, ¡Mecanografía! El año que aplazó Geografía, fue expulsado de la mesa de examen por no cumplir con las formalidades de peinado y vestimenta que pedía el Instituto Comercial Mixto Juan XXIII. Siempre fue un desaliñado, o un zaparrastroso de mierda. Nunca se llevó bien con los números, por lo que Matemática era fija a diciembre. Historia, Instrucción Cívica y Lengua eran sus fuertes. Filosofía también. Hasta participó de un Bonaerense de filosofía y llegó a las instancias finales en Mar del Plata. Quedó entre los mejores quichicientos mil. Perdió el diploma de “seguí participando”.
Por aquellos años, junto a dos amigos de la infancia que hasta el día de hoy conserva, fue parte de la exitosísima banda punk rocker Kraneo Negro, desempeñándose en el puesto de baterista. “Nunca supo ni pegarse un baño”, afirman testigos de la época. En 2005, luego de poco más de cinco años se alejó para transformarse en alero de los Toronto Raptors. Sus años de rock star y excesos los recuerda como uno de sus mejores tiempos. Aunque comprobó que los bateros no levantan como dice la leyenda. Más tarde (ya en La Plata) insistiría con la música, encargándose de los parches en la fugaz Guerrilla Fortex, banda punk-Oi! caótica como pocas. Formaría, también, el aún más fugaz combo ska-punk-hardcore-reggae-cumbia rock Yoni y sus cometas. Luego probaría suerte en el hardcore melódico con Last Chance; duró lo que un pedo en una canasta. Finalmente tomaría los palillos para la banda casarense punk melódico Mentes Ácidas. El proyecto duró apenas unos 3 años. Siguió comprobando que los bateristas no la ponen. De vez en cuando le vuelven ganas de hacer que hace música nuevamente.
En 2000 inició estudios de periodismo en un terciario de la vecina ciudad de Pehuajó. Un año tirado a la basura en una institución fantasma. Dos años más tarde dejó su ciudad natal y se transformó en pajuerano. Se fue a vivir a La Plata e inició estudios de comunicación social. Hoy piensa para qué carajos. Todavía no se recibió.
Los primeros años en la ciudad de las diagonales, se desempeñó como redactor de varias publicaciones, entre ellas la revista Puerta al Interior (una experiencia cercana a la Hecho en Buenos Aires), de la cual fue miembro fundador y jefe de la sección Política y Sociedad. De esta fue paulatinamente apartado por sus posicionamientos políticos y sus críticas a las autoridades provinciales y nacionales. A fines de 2002, luego de que le censuraran una investigación sobre los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, se apartaría definitivamente de la revista. Más tarde seguiría escribiendo en otros medios, llegando a ser director de la revista Conexiones y del periódico Unidad Popular. Con el tiempo, su faceta periodística fue decayendo prácticamente hasta la nulidad. Desde 2008 a la fecha (salvando un breve e inconstante período bloggero) no ha vuelto a ejercer el oficio.
Allí en La Plata retomó con un poco más de organicidad el interés político que albergara desde su temprana adolescencia, primero en la política estudiantil y luego, aunque casi a la par, en la política de masas. Fue presidente del Centro de Estudiantes Casarenses por dos años consecutivos. Nunca pudo apartar a esa entidad de lo meramente administrativo y convertirla en una organización de lucha política. Sin embargo, tiene el orgullo de haber logrado, junto a sus compañeros, el proyecto histórico que la organización albergaba prácticamente desde su fundación en 1980: trasladar la casa estudiantil al centro de la ciudad. También, fue miembro de la Federación Universitaria Bonaerense, organización que abandonaría por cuestiones políticas. En 2005 fue candidato a presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata por la extinta agrupación anarquista aguanegra. Esa experiencia preferiría anularla de su currículum, pero nuestro equipo de investigación ha encontrado pruebas irrefutables de su estrepitoso fracaso: apenas unos 56 votos, última posición, ¡por debajo de Socialismo o Barbarie, que tenía solo un militante!
Desde fines de 2002 hasta el día de hoy milita en el Movimiento de Unidad Popular, organización de orígenes libertarios hoy devenida en peronista. Él aún se dice anarquista, agregándole la palabra “heterodoxo”. Según la definición de Horacio Verbitsky, sería algo así como un peleoizquierdista infiltrado. En el MUP supo ser secretario nacional de prensa; de aquellos años sigue detestando a los del diario Crónica por ortivas y estimando a los de Ámbito Financiero por copados: ellos fueron casi los únicos que le dieron pelota. Actualmente se desempeña muy pobremente en el área de trabajo autogestionado.
Fue, también, instructor en historia, voluntariado juvenil, organización autogestionaria y comunitaria y periodismo. Estuvo, por algunos meses, al frente de la coordinación de varios centros culturales. Su inutilidad puso fin a ello.
Desde muy joven tiene relativa pasión por la literatura. En sus años de adolescencia quería ser escritor, pero jamás tuvo pasta de campeón. Sus principales influencias han sido y siguen siendo el dadaísmo, el surrealismo, la ’patafísica y el simbolismo, en particular Oliverio Girondo, Paul Éluard, Antonin Artaud, Francis Picabia, Jean Arp, Max Ernst, Michael Duchamp, Tristán Tzara y Alfred Jarry. Sin embargo, sus escasísimos dotes no permiten darse cuenta de ello. Para nosotros es un ladrón de gallinas.
También se la da de historietista, llevando a los ponchazos el blog Fin de Otoño. Sus aptitudes para la historieta y el dibujo dejan bastante que desear, pero insiste e insiste. Dejémoslo ser.
Por lo demás, tiene amplios trastornos de sueño. O se duerme la vida o no duerme nada. Le han recetado pastillas, estudios y la mar en coche. Hasta el momento han tenido bajísimos resultados. Algún día será normal, dijo. Nosotros lo dudamos…






